La vida es demasiado irónica. Se necesita tristeza para saber qué es la felicidad, ruido para apreciar el silencio y ausencia para valorar la presencia. - anónimo

La vida es demasiado irónica. Se necesita tristeza para saber qué es la felicidad, ruido para apreciar el silencio y ausencia para valorar la presencia. - Anónimo

La vida es irónica y eso es cierto. No nos damos cuenta del valor de ciertas cosas hasta que las perdemos. Sí, mirando a su alrededor, es posible que no se dé cuenta de esto ahora, pero en el futuro, seguramente tomará el sentido real de estas palabras.

No apreciamos nada hasta el momento en que lo poseemos. Damos esas cosas por sentado y apenas nos molestamos en echarles un vistazo y apreciar su valor. ¡Así es como tiende a funcionar nuestra psicología!

Comenzamos a prestar atención a esas cosas solo cuando las perdemos. ¡Se dice con razón que se necesita tristeza para saber qué es la felicidad!

Nunca sabrá acerca de la felicidad, y ni siquiera se dará cuenta de que es feliz hasta que haya presenciado miserias y tristezas en su vida.

Patrocinadores

Debería experimentar algunos días malos para darse cuenta de que ha estado viviendo una vida feliz y buena todo este tiempo.

En consecuencia, podrá apreciar el valor del silencio solo cuando escuche mucho ruido a su alrededor.

De otra manera, se puede escribir ya que nunca podrías entender cómo el silencio y un entorno tranquilo te harían sentir hasta y a menos que tengas un entorno desordenado a tu alrededor.

Además, podrá comprender el valor de la presencia de alguien a su alrededor solo cuando la persona ya no esté allí.

Patrocinadores

Es solo la ausencia de una persona lo que te hará darte cuenta de su presencia. Cuando siempre hay alguien a tu alrededor, a menudo damos por sentado a esa persona.

Por ejemplo, tenemos a nuestra mamá siempre ahí para nosotros, haciendo todas las tareas del hogar y, por lo tanto, no nos damos cuenta de su presencia hasta que se vaya a otra parte.

De la misma manera, no apreciamos el valor de algo hasta el momento en que lo poseemos. Solo podemos aprender el valor cuando esa persona ya no esté allí.

Por lo tanto, siempre debe asegurarse de aprender a valorar las cosas hasta que estén presentes en su vida, porque no tendría ningún sentido valorarlos una vez que se hayan ido.

Patrocinadores
También te puede interesar